
Mateo, el cura ateo
un día perdío su razón
sintiendóse eterno reo
por una hermosa canción
La firmaba un canadiense
de sombrero fijo y piel de poeta
alma de mago circense
de su fe estrajo la careta
de su fe estrajo la careta
Maldice y bendice
el día ya muy lejano
en el que un amigo le dice
este cantante no es mundano
Oyo lo que nunca oyo
sintío rasgarse el alma,
su díos peregrino huyo
y sin su fe hayo la calma
Hoy de alzacuellos lejano
mañana de vino y rosas
una mujer toma su mano
y a todas halla hermosas
Piensa en su biblia verduga
de tantas noches postradas
vigilia de dolor sin fuga
en mil cadenas apostadas
Recuerda días de seminario
confundido y extasiado
la cruz de su calvario
por fin se ha evaporado
Hoy no hay mas ley que la corchea
mas patrón que una guitarra,
solo es suya su alma y rea
la costumbre de beso y barra
Condena el tiempo perdido
las miradas se han escapado
por fin se ha rendido
a su nuevo díos revelado
El del sombrero acaricia
la balada del extranjero
una lagrima arrecia
traída por mensajero
Ahora conoce su verdad
naciente e indisciplinada
una sonrisa en su faz,
una silenciosa carcajada
3 comentarios:
Otra vez más encuéntrome contrariado: su bitácora viste con los colores más violentos del espectro y después el contenido se descubre hermoso, sensible, delirante y acertado (pero con huevos). Por favor, siga a soneto tendido a través de nuestras vidas.
A mí lo que me gustaría inquirir es quien es el señor canadiense del que versa la canción. Francamente me ha despertado la curiosidad.
Gracias Sr. kobra, o su Kobrísima sino le gustan los nombres cortos, por dedicrale un poema al maestro Cohen.
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