martes, 26 de mayo de 2009

A nuestro pequeño gran hombre

Te saludo reverenciante
y sin parecer comediante
te digo mi buen Txabian
que en este punto del calendario
ajado y desmedido
no desesperes de nada
que el futuro apunta
a risas y partidas.

Crearemos remembranzas
de partidas y hazañas
dados, lapices y libros
sobre la mesa brillarán
pensando en grandes historias
que entre todos forjaremos

Ya se que esto no rima
pero es que el sueño es digno rival,
quiero transmitirte desde esta modesta esquina
que a los que te apreciamos
no nos gusta oir quejarnos de malas fortunas
y asi quiero que sepas,
que ninguna quest se realiza sola
ni ninguna clase vale sola para matar dragones

¡Feliz cumpleaños Txabe!

martes, 19 de mayo de 2009

Sueño



Parte Primera


Bernardo despierta sosegado y bañado en el frío sudor de a quién Morfeo rechaza. Tiene que vestirse apresurado para llegar a su clase de derecho fiscal, sabe que no quiere, le cuesta vencer la pereza, pero su ahíncado sentido de la responsabilidad se transforma en impulsos nerviosos que mueven sus piernas para erguírlo. Desayuna sin hambre..., como siempre.


No lo gusta ducharse rápido, prefiere varar de pies mirando al suelo y dejando que la fuerza del agua canalizada por un grifo cuasi mágico, relaje los músculos de sus hombros. La bañera es su sitio preferido para pensar, como si el agua corriendo fluida cogiese de la mano en su camino a sus atribulados pensamientos.


Encontrándose en su primer, y seguramente único momento de paz de todo el día, una inevitable espada de Damocles cae sobre sus ojos cerrados en forma de puñetazo sobre la puerta:


- ¡Bernardo coño! ¡Que no llegas a la facultad!


Y aún es martes...



Parte Segunda


Despues de vestirse con la premura del que no llega y los escalofríos de las gotas mal secadas en su espalda, Bernardo baja a la fría calle, desierta de miradas, donde cada uno, mas apresurado que el anterior, se roza sin tocarse en las estrechas aceras.


Sobreviviendo a la helada selva de zanjas y señoras con perros lazados, nuestro protagonista alcanza su precioso oasis: un Peugeot 306 viejo abollado y literalmente, lleno de mierda.


Reconfortado por el acalorante y gasolineo aire que brota de las rendijas del salpicadero, Bernardo enchufa su Mp3 a los altavoces y los Metallica hacen su espectacular aparición poniendo la guinda al matutino climax.


Azuzado por la agradable sensación de calor y silencio aislado, Bernardo nota el aumento de la presión sanguínea sobre sus ojos, y siente como una vez mas, Morfeo llama a filas.


- Son menos cuarto, aunque el cabrón de fiscal no me va a dejar entrar... - Bernardo se recuesta con la tranquilidad de haber acallado su conciencia con poderosas excusas de autoconvencimiento.


Mientras nuestro protagonista duerme, el poco sol otoñal arranca el rocio de las ventanillas del coche.



Parte Tercera


El poderoso riff de Kirk Hammet en "Damage Inc" despierta a Bernardo de su placidez:


- ¡Ese Kirk ahí!.... ¡¡Mierda!!, son "y veinticinco"...., no llego a Romano..., bueno, ya recuperaré los apuntes...


Vuelta y vuelta sobre el abatido asiento y nuevo disco de Metallica. Desidia 2 - Conciencia 0.



Parte Cuarta


A las diez y veinte y tras tres discos de Metallica, Bernardo arrepentido y apresurado decide combatir la situación donde en desgracia se haya e intenta arrancar el vehiculo, con infaustos resultados, ya que el viejo motor con un burlón trocoteo desobedece las ordenes de su sedente.


- No debería haber estado tres horas con la calefacción y la música encendidas...




PD: Soy consciente del parecido de este relato con el previo, pero os aseguro, queridos lectores fieles y aguerridos, que en la redacción de uno y otro dista mas de año y medio. La razón de esta publicación es que la anterior me recordo la existencia de lo hoy publicado.





martes, 12 de mayo de 2009

No os repancingeis en vuestros sillones amigos...os observo...


La noche se cerraba sobre Ignacio mientras paseaba por la ciudad, oía como sus pesadas botas retumbaban en el suelo y la soledad se le pegaba en el cuerpo como el sudor caliente del verano.


- Mírala ahí, erguida y autoritaria como un padre en la cabecera de la mesa - pensaba mientras miraba la luna llena y luminosa. El Mp3 languidecía una canción de Sabina y un coche de la Ertzaintza atravesó como un rayo la vacía avenida.


Mientras moraba tranquilo en sus pensamiento y sin saber muy bien como, sintió como alguién caminaba a unos pasos detrás suyo, practicamente sin hacer ruido.


Ligeramente asustado y en actitud de defensa se dió la vuelta para observar a su acompañante.


No había nadie.


- Mierda, ya le he dicho a Sara que no podía ser buena idea mezclar la mierda del Malibú con zumo de naranja de Mercadona... -


La marcha prosiguió sin duda, aunque Ignacio sintió como su corazón golpeaba frenético las paredes de su pecho, mientras hacía un esfuerzo por racionalizar los últimos y extraños treinta segundos.


- ¡Jefeeee! - Le grito un desaliñado cuarentón desde un anquilosado Mercedes - ¿Sabesh "'¡hip!", como llegar al club "Eros"?


Ignacio sintió como su estomago fugitivo, quería abandonar su sitio y mientras hacía esfuerzos por respirar, contesto timorato:


- Creo que esta un par de calles "pa allá"....


- "¿Pa donde?", "¿Pa allá?" - Dijo mientras señalaba la dirección en la que estaba enfilado.


- Si, todo recto...


Asqueado y sintiéndose un poco sucio despues de tan ignominiosa imagén, Ignacio sintió que pocas veces en su vida había ansiado con tanta energía arrivar al manubrio de su puerta, para poder abrirla, y sentirse cual ficha de Parchis, por fin en casa.


Esa noche no era la adecuada y el caminante solitario halló de nuevo compañia al verse asaltado por un mujer de exótica piel de ébano:


- ¿Querer tu buen rato conmigo, guapo?


- No gracias, Señorita...


Consiguió zafarse de tan compremetedora y violenta situación con una desesperada finta a la izquierda de la meretriz para poder alejarse y contemplar por fin el añorado destino. Su portal se erguía cual Valhalla valedero detrás de aquella horrible plaza.


Pero no sería tan feliz su destino, ya que ese transito sencillo se convirtió en Felliniesco cuando escucho el dulce silbido de una cálida flauta de pan:


- ¡Dame un euro tronco!


Al darse la vuelta Ignacio, contemplo a su efusivo interlocutor conformado en un simpático y pulgoso can acompañado de un resto humano armado con mallas, piercings y cadenas.


- ¡Una mano de hostias es lo que te voy a dar Punki de mierda!


Esa noche Ignacio durmió feliz, reconfortado en cálido placer que le da a uno dormir abrazado a si mismo.