lunes, 29 de septiembre de 2008

Sucedio aqui cerca

Os cuelgo una historieta que escribí una noche, releyendola con la santa perspectiva que nos da el tiempo creo que tengo que dejar a mi gran amigo Lovecraft por una temporada...



Sucedio aqui cerca

CAPITULO I

Una violenta carcajada rompió el manto de silencio de la ciudad, esta vez, Jaime y sus amigos habían decidido que resultaba divertido insultar y humillar a un vagabundo que luchaba por vencer al frio con un poco reparador sueño.

- ¡Abuelo!, ¡eres un cerdo y hueles manta mal! - Se reía el joven envalentonado mientras el hombre suplicaba que le dejasen en paz.

Jaime había crecido en una rica familia de la alta clase Vizcaina, donde nunca había conocido la sensación de que le faltase algo material y siempre se había refugiado en el dinero y las influencias de su padre, un reputado médico privado, para salir airoso de todas sus travesuras.

- Venga va, Jaime, ya nos hemos divertido esta noche..., vamos para casa - Comento uno de los chicos.

- Maldita sea, Borja, siempre tienes que tocarme los huevos en los momentos que mas me divierto - giro la cabeza para dirijirse hasta el indefenso anciano y puso su cabeza cerca de la suya - Que pasa viejo hijo de puta, ¿es que el marica de Borja y tu os dais por culo? Jajaja... ¡Que os den fuego, putas!...me voy para casa

Mientras decía eso, Jaime se desvió a la derecha del camino que tomaban sus amigos y continuo por la avenida peatonal camino de su casa. El anciano se arremolino fuertemente en sus cartones mientras sentía como su corazón no dejaba de bombear violentamente.

- Joder que pedo llevo...y que hijo de puta el Borjita..., a ver cuando me engancho a su hermana que tiene un par de viajes...- Pensó para si mientras se reía descontrolado gracias al alcohol y las drogas.

Mientras se tambaleaba por aquella vacía avenida, sintió un escalofrío que le recorrío la espalda y que obligo a esta misma a contraerse violentamente, lo que le provocó un pequeño vahído que casi le tira al suelo.
Cuando se recupero, vió que delante suyo dos puntos rojos le observaban fijamente, quedandose al instante paralizado por la impresión, acertó a ajustar sus retinas para distinguir un gato negro parado a apenas un metro de sus pies. Estaba quieto como si fuera de escayola y parecía que no movía un solo músculo.

La respiración de Jaime se paralizó, quedandose los dos mirandose fijamente, hasta que el animal se acerco lentamente a los pies del joven, donde empezó a ronronear cariñosamente. Los maullidos del felino resultaban callados, como si no quisiera molestar a alguien que anduviera por alli cerca y el animal tuviera consciencia de su presencia.

Al fin, Jaime consiguio reaccionar y con un violento gesto aparto al gato de su regazo. El animal, asustado salió corriendo, no sin detenerse unos metros adelante del joven y clavarle sus ojos rojos en señal de reproche. Al final, se escabulló entre los matorrales que se encontraban en las zonas ajardinadas que se encontraban a izquierda y derecha del paseo. La verdad es que la luz de la luna, la escasa iluminación de las farolas y el diseño victoriano de los chalets que cercaban daban un aspecto bastante tétrico al lugar.

- Va a ser mejor, que vaya llegando a casa..., que creo que alguno de estos me ha metido algo en las copas... - pensó el asustado joven mientras veía cada vez mas estrecho y largo el paseo.

Jaime aligeró el paso, aunque debido a su estado no le resultaba tarea sencilla, y asemejaba mas bién una imagen bastante patética.

De repente, empezó a sonar una melodia continuada que se alojo en su cabeza, sonando como un grupo de frailes rezando o como unos sectarios preparando un oscuro ritual.

- ¿¿Que coño es eso...maldita sea?? ¿¿de donde viene esa musica de mierda?? - Jaime empezó a moverse templorosamente y en uno de esos arrebatos se dió la vuelta y lo que vió le hizo derrumbarse y caer pesadamente al suelo. Un hombre de unos dos metros de altura se plantaba delante suyo, ataviado con una túnica negra que no permitía ver ni un solo centrimetro de su piel, salvo dos puntos rojos en la cara que parecian provenir del mismísimo averno.
Jaime exhaló un grito ahogado por el terror, y la melodia que reinaba en su cabeza empezo a retumbar violentamente, a lo que el joven solo pudo responder levantandose torpemente y empezando a correr en dirección a su casa. No quiso y no pudo mirar hacia atras, aunque la violencia que dominaba su comportamiento le hizo tropezar violentamente y golpearse en la cabeza con una de las piedras que conformaban el empedramiento del camino. Un fundido en negro acalló la música.


CAPITULO II

El frio de la gélida agua desperto a Jaime que de repente se vió sentado en un banco del paseo rodeado por cinco adolescentes ataviadas con la ropa de fiesta tipica de la zona (camiseta blanca y falda azul de marinera) entre las que reconoció a Lucía, la hermana de su amigo Borja y las integrantes de su cuadrilla.

- ¿Estas bien Jaime? - Pregunto Lucía en un tono amable y con una sonrisa delatadora de la secreta admiración que sentía la joven por el cruel amigo de su hermano.

- ¿Que coño ha pasado? - Dijo Jaime sobresaltado.

- Nada, te hemos encontrado sentado en este banco con los ojos abiertos y nos has dado mogollon de mal rollo, osea, que te hablabamos y no nos contestabas - contesto la joven con la odiosa dicción de los pijos.

Poco a poco y recuperandose de su catatónico estado, Jaime empezó a sentir un dolor punzante en la parte de atras de la rodilla, a lo que respondió subiendose el pantalón y dejando a la luz tres enormes arañazos que le atravesaban casi toda la pierna. Parecia que estaban a medio cicatrizar y perfectamente limpios. Como si hiciese varios días que se hubiesen curado.

- Joder, no se que coño pasa... - dijo Jaime de forma casi inaudible y sintiendose extrañadamente recuperado de su borrachera. Algo que le extrañaba, ya que cuando volvia de la fiesta no quedabamas que una hora para que amaneciera y en este momento parecia noche cerrada.

- ¿Que hora es? - Pregunto Jaime, cuyo grado de preocupación iba en aumento

- La una y media - Respondió rapidamente Lucia - Y venga, date prisa que ya hemos perdido demasiado tiempo esperando a que se te pase la papa y tenemos que llegar a casa a una hora...

- Jaja...si, a una hora que se paso hace tres cuartos - Se rió burlona y confiada una de las presentes provocando una carcajada general

- Pues si, mis "amigas" - remarcó Lucia - ya se iban para casa y yo te iba a acompañar que estos mayores no sabeis beber

Pesadamente Jaime se levanto y empezo a andar camino de su casa acompañado por la preciosa joven, mientras pensaba que mañana sería un nuevo día y tendrá la oportunidad de pensar con calma y en su comoda cama.

Mientras caminaban, oia sin escuchar lo que le estuviera contando Lucia, hasta que algo llamo su atención, la joven intentaba acercar su mano al seno que se escondía detras de la camiseta mientras le lanzaba miradas de soslayo buscando esa complicidad de quien hace algo sutilmente.
Escasos segundos despues, la mano alcanzo su objetivo y ambos caminantes detuvieron su marcha para fundirse en un profundo beso que se prolongaría durante varios minutos. La pareja, busco el refugio de unos matorrales cercanos donde se tumbaron en la seca y mullida hierba escapando así de las miradas curiosas.

No solía pasar mucha gente por aquella avenida a esas horas y ese día no fue una excepción.
A los pocos minutos de empezar el ritual en el que se fundieron los dos jovenes, Lucía, pidió al joven que cerrara los ojos, que tenía una sorpresa para el. Este, emocionado hizo caso absoluto y cerro sus ojos mientras su corazón palpitaba de emoción al sentir que su brageta se iba poco a poco desabrochando.

- Ya los puedes abrir - dijo Lucía en un susurro

Jaime abrió de par en par los ojos y lo que vió le helo de terror el corazón, ya que delante suyo, no estaba aquella joven en disposición amatoria, sino que a escasos centrimetros de su cara y situado encima de su pecho, el mismo gato negro le observaba con unos ojos rojos brillantes que paralizaron su corazon al instante.

Jaime sintió que no podía mover ningún músculo de su cuerpo salvo los ojos, que no dejaban de mirar fijamente al felino, que cariñosamente empezó a jugar con sus uñas sobre el pecho del joven, desgarrandopoco a poco pequeños jirones de piel.

Jaime grito con toda la potencia de su voz, pero parecia que nadie estaba por la labor de escucharle.

- Maldita sea, no puede ser que en todo el puto pueblo de Algorta nadie me escuche...- penso desesperado el joven.

Los gritos siguieron cayendo en saco roto, siendo proseguidos por unos despesperados sollozos y un intento racional y fallido de asumir lo que estaba pasando.

- Me he podido caer y haberme fracturado la columna...- pensó Jaime

De forma agonizante, vió como el gato negro continuó desgarrando la piel de su pecho hasta que llego a las costillas y como emocionado empezó a dar vueltas y a clavar sus garras en su corazon que veía palpitar de manera violenta.

Cuando creía que solo le faltaba escasos seguros para caer incosciente, vió como una sombra se acercaba en la lejania conformando la forma de su amigo Borja.

- Vamos Howard, ya has jugado bastante por hoy, deja ese monton de tierra que vas a llegar hecho un cromo a casa y ya sabes como se pone mami

El gato sonriente, empezó a mover la cola cuando vió a su presunto dueño y abandono el regazo de Jaime para alejarse en la oscuridad.

Jaime, intento gritar, pero sus intentos se vieron penosamente condenados al fracaso al darse cuenta que tenía la garganta completamente desgarrada.

Una lagrima recorrio la mejilla de Jaime y aterrizo en la arenosa tierra, mientras el cansancio y el ocre olor de la sangre hicieron que Jaime cayera en un sueño tranquilizador.


CAPITULO III

- ¡Jaime! ¡Jaime! Venga, despierta pequeño dormilon que tienes visita.

Al oir esos gritos y los golpes en la puerta, Jaime desperto casi de un salto de la elegante cama donde estaba durmiendo. Estaba bañado en sudor y sentía como si un bulldozer le golpease sin parar la sién.

Se sintió enormemente reconfortado al ver que podía mover sus articulaciones perfectamente y con una alegria renovada se dirigió presto a darle un beso a su madre, cuya visión resultaba mas que un balsamo para su maltrecha razón.

Se encontró a su madre en el pasillo, a punto de entrar en la sala y esta le respondió con una enorme sonrisa.

- Jaime cariño, ponte algo mas elegante que tenemos visita

El joven giro noventa grados la cabeza en dirección a la puerta del salón y vió como de forma amigable y sonriente, le esperaban su amigo Borja, su hermana y el padre de estos, un hombrón de casi dos metros que portaba una cesta de mimbre en el brazo derecho.

En ese momento aparecio la hermana pequeño de Jaime, portando un precioso gato negro en las manos con el que jugaba amistosamente.

- Mira lo que te han traido los Saenz de Sotomontano, Jaime, no me digas que no es una monada - dijo la madre de Jaime con una emocionada sonrisa- tu padre y yo hemos decidido que Howard es un nombre perfecto para el.

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