La noche se cerraba sobre Ignacio mientras paseaba por la ciudad, oía como sus pesadas botas retumbaban en el suelo y la soledad se le pegaba en el cuerpo como el sudor caliente del verano.
- Mírala ahí, erguida y autoritaria como un padre en la cabecera de la mesa - pensaba mientras miraba la luna llena y luminosa. El Mp3 languidecía una canción de Sabina y un coche de la Ertzaintza atravesó como un rayo la vacía avenida.
Mientras moraba tranquilo en sus pensamiento y sin saber muy bien como, sintió como alguién caminaba a unos pasos detrás suyo, practicamente sin hacer ruido.
Ligeramente asustado y en actitud de defensa se dió la vuelta para observar a su acompañante.
No había nadie.
- Mierda, ya le he dicho a Sara que no podía ser buena idea mezclar la mierda del Malibú con zumo de naranja de Mercadona... -
La marcha prosiguió sin duda, aunque Ignacio sintió como su corazón golpeaba frenético las paredes de su pecho, mientras hacía un esfuerzo por racionalizar los últimos y extraños treinta segundos.
- ¡Jefeeee! - Le grito un desaliñado cuarentón desde un anquilosado Mercedes - ¿Sabesh "'¡hip!", como llegar al club "Eros"?
Ignacio sintió como su estomago fugitivo, quería abandonar su sitio y mientras hacía esfuerzos por respirar, contesto timorato:
- Creo que esta un par de calles "pa allá"....
- "¿Pa donde?", "¿Pa allá?" - Dijo mientras señalaba la dirección en la que estaba enfilado.
- Si, todo recto...
Asqueado y sintiéndose un poco sucio despues de tan ignominiosa imagén, Ignacio sintió que pocas veces en su vida había ansiado con tanta energía arrivar al manubrio de su puerta, para poder abrirla, y sentirse cual ficha de Parchis, por fin en casa.
Esa noche no era la adecuada y el caminante solitario halló de nuevo compañia al verse asaltado por un mujer de exótica piel de ébano:
- ¿Querer tu buen rato conmigo, guapo?
- No gracias, Señorita...
Consiguió zafarse de tan compremetedora y violenta situación con una desesperada finta a la izquierda de la meretriz para poder alejarse y contemplar por fin el añorado destino. Su portal se erguía cual Valhalla valedero detrás de aquella horrible plaza.
Pero no sería tan feliz su destino, ya que ese transito sencillo se convirtió en Felliniesco cuando escucho el dulce silbido de una cálida flauta de pan:
- ¡Dame un euro tronco!
Al darse la vuelta Ignacio, contemplo a su efusivo interlocutor conformado en un simpático y pulgoso can acompañado de un resto humano armado con mallas, piercings y cadenas.
- ¡Una mano de hostias es lo que te voy a dar Punki de mierda!
Esa noche Ignacio durmió feliz, reconfortado en cálido placer que le da a uno dormir abrazado a si mismo.
4 comentarios:
Buen relato, en especial lo que hace referencia la jodio punki de mierda.
Creo que no has pillado el quid del asunto, buen Joe...
Por mi parte me maravillo por el explendido uso que le da al lenguaje Maese K, aunque no puedo evitar dejar de preguntarme sobre el significado de la palabra "Felliniesco". Ciertamente intrigante...
Sabes que siempre habrá una copa (casera, eso sí)esperándote!! la buen charla la dejo para los invitados...
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